lunes, 29 de abril de 2013

Perfume

Mi hermano y yo nunca nos hemos llevado bien.
Bueno, tal vez cuando éramos muy pequeños, 4,
5, tal vez hasta las 7, pero a partir d ahí solo nos
hemos ido separando.
¿Por qué lo digo? ¡Ah! Aquí viene la razón:
  En casa solo hay una tele, así que para ver
cualquier programa, debes convencer a los
otros de que tú programa es la mejor opción,
aunque papá nunca da razones y siempre gana.
Son las 9 de la noche, ya estamos todo en casa,
yo tengo 8 y mi hermano 7, dormimos en el
mismo cuarto y lo odio.
No estoy poniendo atención a lo que pasan en
la tele, estoy sentada junto a mamá, me gusta su
olor, me gusta como me hace piojito, la quiero.
Siempre tengo un vaso de agua cerca, éste es
rosa con figuras flotantes de la bella y la bestia.
   Estoy sentada cerca de la mesa en donde esta
mi vaso, alargo la mano para alcanzarlo, le
doy un trago grande, pero no puedo pasar el
agua, tiene algo raro. Un ataque de tos seguido
por arcos que indican que probablemente voy
a vomitar, papá y mamá se asustan, me dan
palmadas en la espalda, traen un basurero.
--Mi hermano en el rincón del cuarto, inmóvil.--
Pasan las ganas de vomitar y la tos se va.
Mi agua esta envenenada.
Él confiesa haberle echado perfume (la mitad del bote),
dice que pensó que haría que mi agua supiera mejor.
Rien. Lo abrazan y tiernamente le piden que no lo
vuelva a hacer, el perfume no se toma.
  Con los ojos rojos y el sabor del veneno todavía
en mi boca lo volteo a ver. Sé lo que buscaba y sé
que él también lo sabe. No fue un accidente.

Ya  no hay vuelta atrás. A partir de ahí, nos
convertimos en extraños, que son forzados a
vivir juntos, pero ya no a convivir.

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